rompiendo cadenas

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL RECUERDO DE LA LEVITACION

La física y la astronomía guardan hermoso recuerdo de la navidad del año de 1643. Ese día, en Woolsthorpe, Inglaterra, nació Isaac Newton, padre de la gravitación universal. La ley dice que es la atracción que ejerce la masa de un cuerpo celestre sobre otros cuerpos cercanos de él o sobre su superficie.
La mañana del 30 de mayo de 1964, la joven paracaidista alemana Regina Straube, hizo caso omiso de la ley de la gravitación universal, al arrojarse del paracaídas desde mil metros de altura, en Hof, Baviera, éste no se abrió, ella cayó vertiginosamente a tierra. 25 000 espectadores la vieron caer. Un terreno blando amortiguó su caída. Se levantó con ligeras contusiones. ¿Regina burló las leyes de gravitación universal? 
Muchos niños han caído de altos edificios, saliendo indemnes. La voz popular sostiene que cuando un niño cae de gran altura, inconscientemente se abandona; no opone resistencia al aire y parece que flota. ¿Levitación de personas que contrarrestaron la ley de la gravitación universal? 
Londres, 1 de julio de 1871 en el número cinco de la Buckingham, Lord Lindsay fue testigo de un caso de levitación de Mr. Home, primo de Lindsay, cuando salió flotando por la ventana de la oficina, luego de entrar en trance. Estuvo fuera unos minutos, acostado, flotando a 33 metros de altura y se deslizó al interior de la habitación. Home volvió a repetir el fenómeno ante Sir William Crookes en 1874. 
Antecedentes de levitación altamente conocidos, de doscientos santos, lograron levitar, los más notorios: Santa Teresa de Jesús, en la ciudad española de Ávila, quien tomó los hábitos de monja y cuando estaba en estado de contemplación, se elevaba y según testigos fidedignos, llegó a elevarse hasta el techo del oratorio del convento. San Benito movió grandes piedras que ocho hombres no pudieron colocar en el muro del convento y Santa Cristina, misionera del siglo III muestra otra variante de levitación mediante oración, cuando los reyes de Iberia construían un templo y el arquitecto dijo no tener forma de levantar una gigantesca columna, Santa Cristina imploró la ayuda divina y la columna comenzó a flotar en el aire permitiendo que los albañiles la colocaran donde debía quedar. 
¿Cómo construyeron la pirámide de Gizeh en Egipto, qué máquinas o recursos técnicos emplearon para nivelar el terreno rocoso donde el faraón Khofú levantó la pirámide, con qué herramientas arrancaron la cantera situada a decenas de kilómetros, 2,600,000 bloques de 10 toneladas de peso cada uno, quiénes y cómo pulieron los bloques y cuántos hombres más fueron necesarios para transportarlos a su destino? ¿Se usaron rodillos de madera para mover los bloques, cómo los jalaron e izaron? En pleno siglo XXI es imposible lograr este prodigio. Si fueron capaces de levantar y colocar con precisión diez bloques diarios de diez toneladas cada uno, para colocar los 2,600,000 que forma la estructura hubieran necesitado más de 700 años; pero la construcción se le atribuye a un solo faraón. El mismo enigma lo encontramos a pocos kilómetros de Damasco, entre un inmenso mar de pórfidos y mármoles se levantan las ruinas de Baalbek, donde las murallas fueron construidas con bloques de 120 metros de largo que pesan 750 toneladas, donde existe una terraza que tiene losas que miden 20 metros y pesan dos mil toneladas. ¿Quién construyó Baalbek? 
La leyenda árabe dice: Después del diluvio Nemrod, rey de Líbano mandó una tribu de gigantes a construir Baalbek. Otra afirma que Caín fundó un pueblo de gigantes en Baalbek y construyó la muralla para aislarse de los humanos, para escapar de la ira y maldición de Dios
Estas respuestas no satisfacen. En el libro “Magia Caldea”, François Lenormant afirma que los sacerdotes de Babilonia poseían los secretos para neutralizar la fuerza gravitatoria. ¿En qué se basó Lenormant? 
En Shivapur, pequeña aldea ubicada a unos 24 kilómetros al sur de Poona en la India, en una pequeña mezquita mahometana dedica al sufi Qamar Alí Dervish en un pequeño prado hay un enorme guijarro de granito que pesa unos 55 kilos. Frecuentemente un barbudo sacerdote musulmán se sienta en las gradas y lee el Corán, luego, cuando se ha reunido un grupo de visitantes o peregrinos, cierra el libro, les da la bienvenida e invita a once personas que con sus dedos índices toquen la piedra, inclinándose al hacerlo, salmodiando en voz alta las palabras Qamar Alí Dervish y ante los asombrados ojos de los presentes, la piedra se eleva casi dos metros durante un segundo y cae al suelo. Hay una piedra más pequeña de 44 kilos: La elevan 9 personas. No hay truco, pero se requieren tres condiciones para que se realice: Los índices de los participantes, el número exacto de personas once o nueve, según la piedra y la pronunciación correcta de Qamar Alí Dervish. Sin esto no hay ingravidez.
En Nuevo Brunswick, pueblito de las montañas canadienses, en el centro de la llamada “Colina magnética” 
la gravedad invierte su dirección en la base de la misma y empuja a los automóviles hacia la cima. Cuando los automovilistas llegan a la base de la colina, apagan el motor del vehículo, soltando los frenos; el vehículo empieza a moverse lentamente hacia la cima, como si fuera jalado por cables.

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